Existe una asociación entre COVID-19 y ACV”

El presidente de la Sociedad de Neurología de Tucumán, Dr. Jerónimo Cossio, remarcó cómo se trabaja en este contexto de pandemia y su relación con los accidentes cerebrovasculares. Las medidas que se tomaron y por qué se modificaron los diagnósticos.

Desde la noticia de la propagación del COVID-19 en todo el mundo, la comunidad médica y científica internacional continúa investigando sobre el alcance que tiene esta patología en nuestros cuerpos y cuál es el daño real que puede causar. Además de los problemas respiratorios que se generan, se suman otros flagelos a futuro, entre ellos, los accidentes cerebrovasculares”.

 

Con respecto a esto, el Dr. Jerónimo Cossio, presidente de la Sociedad de Neurología de Tucumán, señaló el trabajo de los neurólogos de la provincia en esta situación”.

Creo que cuando termine la pandemia vamos a tener la información suficiente para poder analizar y poder definir cuál es el tipo de relación (causal o casual). Conociendo esto, todas las medidas de bioseguridad han sido adoptadas según las recomendaciones por parte del comité de infectología del Hospital Padilla tanto para la atención prehospitalaria de los pacientes como para la atención hospitalaria. La asistencia del ACV comienza en el domicilio del paciente. Tenemos una ambulancia exclusiva que busca a quien observamos con sospechas de ACV y lo lleva al hospital. Entonces, tanto la atención prehospitalaria como hospitalaria han sido adaptadas a la pandemia”.

 

A raíz de esta situación, los especialistas indagan a los pacientes por síntomas y signos relacionados al covid: fiebre, pérdida o disminución del olfato, falta de aire, entre otros. “Cosas que antes no teníamos en cuenta, ahora los estamos considerando como elementos importantes en el interrogatorio porque, en caso de ser positivo, alteraría la circulación del paciente. Al momento de hacer las imágenes, no solamente valoramos al cerebro sino que prestamos atención a patologías respiratorias. Hacemos tomografías de pulmón identificando aquellos patrones que son compatibles con COVID-19 como la neumonía bilateral, el patrón de vidrio esmerilado y por lo tanto hemos tenido que afinar el ojo en estos tipos de patrones que no estábamos acostumbrados a verlos y reconocerlos siempre con la ayuda de especialistas en patologías respiratorias. Finalmente, la toma de muestras con hisopados nasofaríngeos para aquellos pacientes con sospechas de covid”.

 

Los neurólogos de la provincia no están ajenos a los protocolos y procedimientos que conlleva el contexto de pandemia.

 

Indudablemente, el sector de salud es el que más cambios adaptativos tuvo que generar. La pandemia modificó radicalmente la forma de trabajo y quizás muchos de estos cambios sean de manera permanente”.

En el Hospital Padilla hemos tenido que llevar a cabo una reestructuración de gran parte del funcionamiento, hemos tenido que rediseñar los circuitos de circulación del paciente, tanto de la atención ambulatoria como de emergencia y tanto del personal del hospital como del personal asistido. Se han modificado las medidas de bioseguridad, la forma de interrogar y revisar a los pacientes. Incluso la forma de relacionarnos entre nosotros como personal del hospital. De esta manera el servicio de neurología del hospital también tuvo una participación muy activa ya que muchos neurólogos -y residentes de neurología- cubrieron y siguen cubriendo guardias en salas de covid, no solamente en el Hospital Padilla sino también en salas de covid de otros (nosocomios) como el Hospital del Este”.

 

Los accidentes cerebrovasculares ocurren de manera predominante en mayores de 65 años, sin embargo, pueden ocurrir también en niños, adolescentes y adultos jóvenes. El profesional destaca que el 95% de los pacientes sufren un ACV por una exposición crónica a factores de riesgo cardiovasculares. “Hipertensión, diabetes, tabaquismo, sobrepeso, obesidad, trastornos del colesterol, consumo excesivo de alcohol. Corrigiendo aquellos factores de riesgo que se puedan corregir -porque algunos no se pueden como la edad adulta o la predisposición genética- se evitaría un 85% de los casos”.

 

Actuar sobre los factores de riesgo modificables tendría un gran impacto en la disminución de la incidencia y prevalencia de ACV”.

 

 

 

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